12 noviembre 2025

LABERINTO






            Ahí estaba. Ante la grandiosa editorial. 
Orlando; un tipo de 38 años, había perdido la cuenta del tiempo que deseaba preguntar a un conocedor de libros. Y quién mejor que un editor; era su pensamiento. 
Entró al edificio observando cada detalle de lo que para él, era otra dimensión.

      —Buen día, señor — saludó Gabriel, el conserje. Orlando contestó haciendo un esfuerzo para "volver a Tierra".

       —Dígame. En qué puedo ayudarle. 
El visitante se acercó. 
       —Necesito hablar con un editor. 
       —Tiene un nombre? 
       —No... No lo tengo. 
       —Es usted un escritor? 
       —Puede ser. No lo sé. Pero me interesa. 
       —Un aficionado — apostó el conserje.
     —Sí. Correcto. Eso calza bien — devolvió, con cordial sonrisa. 
       —Déjeme ver. Consultaré. Cuál es su nombre.  
  —Orlando Millas — respondió agregando —Por favor... Muy importante que sea un editor con experiencia.
       —Mmm... deme unos minutos. — pidió el conserje mientras se dirigía a la escalera. Orlando esperaría con toda la paciencia que fuese necesaria. 

***

          Genaro Cummins. Hombre de setenta años, leía unos documentos junto a la estantería de su oficina. Unos toques en la puerta terminaron con su concentración. 
       —¡Adelante!
El conserje entró jadeando. Cinco pisos por la escalera se hacían sentir en un cuerpo con kilos extra. Este, se acercó al escritorio apoyándose en él con las dos manos. 
       —Te he dicho cuantas veces que uses el ascensor — le reconvino Genaro, al tiempo que guardaba las hojas.

       —Horribles ascensores — se escuchó como respuesta. 
El veterano esperó a que Gabriel recuperara el aliento. La vista por la ventana era muy animada. Vehículos, bocinazos, gente que viene y va...

       —Don Genaro. Un hombre busca un editor. 
Genaro enarcó las cejas. 
       —Y porqué vienes a mí. Está Sebastián, Carlos, Roberto...
       —Dice que quiere hablar con alguien de mucha experiencia. 
       —Mmm... — Genaro se rascó la barba —Dijo su nombre? 
       —Orlando. Y se considera un escritor aficionado.
El veterano editor pensó unos segundos.
       —Hazlo subir. 

***

Minutos después, otros toques en la puerta. 
       —Adelante! 
La puerta se abrió y entró Orlando. 
Le parecía un sueño. No podía creer que estaba en la oficina de una editorial. Y si su intuición no lo engañaba, también estaba ante un hombre amable; y con tanto conocimiento... que le sentía como un ser con super poderes.

       —Buenos días. 
       —Buenos días. 
       —Toma asiento por favor.
       —Gracias... 
Se hizo silencio. Genaro observaba con atención. Orlando estaba tenso. 
       —Bien... — dijo el dueño de casa acomodándose en su sillón —Con quién tengo el gusto. 
       —Orlando, señor. Orlando Millas. 
       —Tú me dirás. Soy Genaro Cummins. Editor jefe. 
Orlando sintió un impacto. Nada menos que un editor jefe. Qué más puedo pedir; se decía. 
       —Bueno... hace años que escribo. Pero nada importante. Ninguna novela, ningún libro, sólo... cosas micro. Y desde hace tiempo me pregunto por la visión de un hombre que ha vivido de manera especial el mundo de la literatura. 

       —La visión...
       —Sí. Los tiempos han cambiado mucho. De la gloriosa época de los libros, el mundo a dado un salto enorme en los modos de comunicación y entretenimiento. 
Orlando esperó la palabra del editor. Este, guardó silencio, más de lo esperado. Pero finalmente, tras un hondo respiro...
       —Mucho para decir. Un tema interesante. 
Ahora fue Orlando quien se acomodó en el asiento. 
       —Me ronda la idea de escribir un libro. Pero no puedo decidirme. Sentí entonces la necesidad de...
       —Entiendo — interrumpió el editor. Agregando  reflexivamente —Me sorprende gratamente tu confianza.

Genaro Cummins dejó la silla con toda la calma del mundo. Dió unos pasos acortando la distancia.

       —Pon atención.
Nadie en el mundo podía estar más atento que el aficionado escritor. 

       —Estás en un laberinto. 
Orlando reaccionó como si alguien  hubiera aparecido con una espada en alto.

       —Un... laberinto? 
       —Un laberinto. 

Todo fue silencio por unos segundos. 

       —Vuelve a poner atención. 
El editor,  de muchos años en la labor literaria, miró a los ojos a Orlando,  intentando llegar al centro  de su conciencia, para dejar aquello que el hombre buscaba con singular interés. 

       —Tú! debes ser tu editor. 
El aprendíz abrió los ojos como si la espada  apareciera otra vez,  y demasiado cerca. 

       —Qué?
       —Lo que escuchaste. Tú, debes ser tu editor. 
       —Pero...

       —Debes aprender todo. Debes construir tu propio editor. Él trabajará con tu creador, la imaginación. No te has dado cuenta de que ya comenzaste? 
Así que, termínalos. Has que sean tus más grandes amigos. Sólo ellos te sacarán del laberinto en que estás. Y cuando lo consigas... te impresionará el portal al que te llevarán. Tendrás respuesta a cada pregunta que asome su cabeza.
El novato escritor estaba impactado. Genaro, dando por terminada la respuesta, y deseando en su corazón la mejor de las suertes, volvió a su asiento. 

El aficionado se dió cuenta de que el trabajo le esperaba. La respuesta del editor tenía toda la lógica del mundo, pensó. Se puso de pie con el rostro rebosante de gratitud. Se despidió así, emocionado, con un fuerte apretón de manos.

***

Ya en casa...

       —Si quiero logros... debo forjar un editor en mí, y darle experiencia a la imaginación.

Hablaba solo. Sentía que algo fantástico hacía conexión en su mente, en su corazón. Y porqué no... en su alma. 


     


4 comentarios:

  1. Un texto muy significativo y excelente.
    Ha sido un placer leer tu bello relato.
    Un abrazo.

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    1. Cómo estás, Amalia. Agradecido de tu visita y comentario.
      Un abrazo. Que estés muy bien 🏙

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  2. Muy bien lo que respondiste,
    uno tiene que tener todo listo
    ya y seguro de lo que quiere
    ya??

    Besitos dulces

    Siby

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    1. :)

      Así lo imagino.
      Agradecido, Siby.
      Que tengas bello miércoles. Besos 🏙

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