03 diciembre 2025

LA CHICA DE JEANS

 


            El tren pitaba anunciando la partida. La chica de jeans, con ojos llorosos decía adiós al lugar. Volvía a su ciudad. La que dejó por un determinado tiempo; en el que, como suele suceder... conoció al hombre de su vida. 
Pero nunca debió hacer aquel viaje, pensaba. Toda la  pasión, todos los sueños; convertidos en tristeza.  Aquellas diferencias que a veces emergen provocando desastres.

Pero ya no sería más. 

          El tren se puso en marcha. Sus fuertes y ruidosos engranajes comenzaron a alejarle de aquel sitio hasta perderlo de vista. Ya rompía a llorar. A mayor distancia, más dolor.  Dejó el asiento en un intento por controlar la emoción. Al hacerlo, chocó con un pasajero que venía en dirección contraria. —Perdón — dijo levantando la mirada. Pero ahora fue presa de un shock. Sus ojos se abrieron cuan grandes eran. Era él. 

Se miraron por dos segundos.

       —¡Qué haces aquí! — explotó ella. 
       —Eres mi esposa. 
       —¡NO SOY TU ESPOSA! Qué?  

Ahora la chica de jeans soltó el llanto y comenzó a dar golpecitos de puño en el pecho del hombre. Este,  la abrazó fuerte hasta que volvió la calma, y... la vida. 


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12 noviembre 2025

LABERINTO






            Ahí estaba. Ante la grandiosa editorial. 
Orlando; un tipo de 38 años, había perdido la cuenta del tiempo que deseaba preguntar a un conocedor de libros. Y quién mejor que un editor; era su pensamiento. 
Entró al edificio observando cada detalle de lo que para él, era otra dimensión.

      —Buen día, señor — saludó Gabriel, el conserje. Orlando contestó haciendo un esfuerzo para "volver a Tierra".

       —Dígame. En qué puedo ayudarle. 
El visitante se acercó. 
       —Necesito hablar con un editor. 
       —Tiene un nombre? 
       —No... No lo tengo. 
       —Es usted un escritor? 
       —Puede ser. No lo sé. Pero me interesa. 
       —Un aficionado — apostó el conserje.
     —Sí. Correcto. Eso calza bien — devolvió, con cordial sonrisa. 
       —Déjeme ver. Consultaré. Cuál es su nombre.  
  —Orlando Millas — respondió agregando —Por favor... Muy importante que sea un editor con experiencia.
       —Mmm... deme unos minutos. — pidió el conserje mientras se dirigía a la escalera. Orlando esperaría con toda la paciencia que fuese necesaria. 

***

          Genaro Cummins. Hombre de setenta años, leía unos documentos junto a la estantería de su oficina. Unos toques en la puerta terminaron con su concentración. 
       —¡Adelante!
El conserje entró jadeando. Cinco pisos por la escalera se hacían sentir en un cuerpo con kilos extra. Este, se acercó al escritorio apoyándose en él con las dos manos. 
       —Te he dicho cuantas veces que uses el ascensor — le reconvino Genaro, al tiempo que guardaba las hojas.

       —Horribles ascensores — se escuchó como respuesta. 
El veterano esperó a que Gabriel recuperara el aliento. La vista por la ventana era muy animada. Vehículos, bocinazos, gente que viene y va...

       —Don Genaro. Un hombre busca un editor. 
Genaro enarcó las cejas. 
       —Y porqué vienes a mí. Está Sebastián, Carlos, Roberto...
       —Dice que quiere hablar con alguien de mucha experiencia. 
       —Mmm... — Genaro se rascó la barba —Dijo su nombre? 
       —Orlando. Y se considera un escritor aficionado.
El veterano editor pensó unos segundos.
       —Hazlo subir. 

***

Minutos después, otros toques en la puerta. 
       —Adelante! 
La puerta se abrió y entró Orlando. 
Le parecía un sueño. No podía creer que estaba en la oficina de una editorial. Y si su intuición no lo engañaba, también estaba ante un hombre amable; y con tanto conocimiento... que le sentía como un ser con super poderes.

       —Buenos días. 
       —Buenos días. 
       —Toma asiento por favor.
       —Gracias... 
Se hizo silencio. Genaro observaba con atención. Orlando estaba tenso. 
       —Bien... — dijo el dueño de casa acomodándose en su sillón —Con quién tengo el gusto. 
       —Orlando, señor. Orlando Millas. 
       —Tú me dirás. Soy Genaro Cummins. Editor jefe. 
Orlando sintió un impacto. Nada menos que un editor jefe. Qué más puedo pedir; se decía. 
       —Bueno... hace años que escribo. Pero nada importante. Ninguna novela, ningún libro, sólo... cosas micro. Y desde hace tiempo me pregunto por la visión de un hombre que ha vivido de manera especial el mundo de la literatura. 

       —La visión...
       —Sí. Los tiempos han cambiado mucho. De la gloriosa época de los libros, el mundo a dado un salto enorme en los modos de comunicación y entretenimiento. 
Orlando esperó la palabra del editor. Este, guardó silencio, más de lo esperado. Pero finalmente, tras un hondo respiro...
       —Mucho para decir. Un tema interesante. 
Ahora fue Orlando quien se acomodó en el asiento. 
       —Me ronda la idea de escribir un libro. Pero no puedo decidirme. Sentí entonces la necesidad de...
       —Entiendo — interrumpió el editor. Agregando  reflexivamente —Me sorprende gratamente tu confianza.

Genaro Cummins dejó la silla con toda la calma del mundo. Dió unos pasos acortando la distancia.

       —Pon atención.
Nadie en el mundo podía estar más atento que el aficionado escritor. 

       —Estás en un laberinto. 
Orlando reaccionó como si alguien  hubiera aparecido con una espada en alto.

       —Un... laberinto? 
       —Un laberinto. 

Todo fue silencio por unos segundos. 

       —Vuelve a poner atención. 
El editor,  de muchos años en la labor literaria, miró a los ojos a Orlando,  intentando llegar al centro  de su conciencia, para dejar aquello que el hombre buscaba con singular interés. 

       —Tú! debes ser tu editor. 
El aprendíz abrió los ojos como si la espada  apareciera otra vez,  y demasiado cerca. 

       —Qué?
       —Lo que escuchaste. Tú, debes ser tu editor. 
       —Pero...

       —Debes aprender todo. Debes construir tu propio editor. Él trabajará con tu creador, la imaginación. No te has dado cuenta de que ya comenzaste? 
Así que, termínalos. Has que sean tus más grandes amigos. Sólo ellos te sacarán del laberinto en que estás. Y cuando lo consigas... te impresionará el portal al que te llevarán. Tendrás respuesta a cada pregunta que asome su cabeza.
El novato escritor estaba impactado. Genaro, dando por terminada la respuesta, y deseando en su corazón la mejor de las suertes, volvió a su asiento. 

El aficionado se dió cuenta de que el trabajo le esperaba. La respuesta del editor tenía toda la lógica del mundo, pensó. Se puso de pie con el rostro rebosante de gratitud. Se despidió así, emocionado, con un fuerte apretón de manos.

***

Ya en casa...

       —Si quiero logros... debo forjar un editor en mí, y darle experiencia a la imaginación.

Hablaba solo. Sentía que algo fantástico hacía conexión en su mente, en su corazón. Y porqué no... en su alma. 


     


10 noviembre 2025

ANN




          "¡LÁRGATE!", rezaba el cartel, carcomido por el tiempo y las voraces termitas.
A Roston le resultó divertido. Por lo general los carteles de entrada dicen, "BIENVENIDO".
Siguió camino a la pequeña ciudad en su vieja pero fiel motocicleta. El calor lo agobiaba. Ya veía bañeras volando. Se detendría ante el primer hotel que encontrara.




          "SIETE ESTRELLAS HOTEL", decía el arco de entrada al edificio. 
Detuvo la sonajera de su caballo metálico, y entró, ansioso de aquella bañera desbordando espuma.
—Buenos días — saludó desde un módulo un hombre de pelo blanco y enroscado bigote.
—Buenos días.
—Un cuarto?
—Exactamente. Un cuarto con una gran bañera.
—No hay problema. Cuánto tiempo se quedará. 
—Un día. Sólo un día. 


            A los quince minutos, cuando Roston ya estaba listo para cumplir su sueño, unos golpes en la puerta le detuvieron. Pero en cuatro zancadas ya estaba frente al visitante. Mejor dicho, la visitante. Una mujer de treinta años, y una sonrisa que... quién no la quisiera.

—Hola — dijo con mirada juguetona —Soy Ann.
—Hola. 
—Soy de aquel cuarto. Em... me preguntaba si podría ayudarme.
—Ayudarte? En qué.
—Se quemó el bombillo, y... está muy alto para mí.
—Ah. Okay. Bueno... dame un segundo. 


       Luego, bombillo en mano, Roston subía por su creativa escalera. Una mesa sobre otra. Pero en el mismo instante del exitoso regreso de la luz, una pata de la mesa aflojó y Roston cayó aparatosamente. Ann gritó, acudiendo. 
—¡Por Dios! Está bien? Dígame, está bien?
—Sí, sí. Estoy bien — pero al tratar de ponerse de pie soltó un quejido. 
—Le ayudaré — intervino Ann acompañándole hasta llegar a su cuarto. 
—Ann.
—Dígame.
—Quiero bañarme.
—Ah, sí. Eso está muy bien. 
—No. No quise decir eso. Necesito que me ayude con las botas. Por favor.
—Sí. Vamos, siéntese. 
Roston se acomodó. Ann tiró de la primera bota. Fue necesario un esfuerzo. La otra costó un poco más; hizo que la mujer cayera de espaldas. Lo que provocó risas en ambos, como si fueran viejos amigos. 
Ya luego, todo bajo control, Ann se fue a su apartamento, y Roston a su bañera. Pero este, vencido por el cansancio se durmió en ella. 


***


Unos golpes en la puerta le despertaron —¡Qué diablos! — La bañera había perdido toda su agua —¡Ya voy! 
Era Ann. Esta vez con un pastel en sus manos.
—Para usted — dijo con una mirada de ensueño —Cómo sigue de su golpe.
—Aún me duele. Pero estoy bien. Sólo...
—Sólo qué.
—Me quedé dormido. Así que debo llenar la bañera otra vez. 
—Oh!, Sí. Disculpe. Tome su pastel.
 —Gracias — sonrió Roston, pero un "¡ah!" de dolor se la borró en el acto. Lo que le valió que Ann se quedara hasta que nuestro amigo cumpliera la meta de bañarse, y mientras esto sucedía, ella iba y venía, sacudiendo y ordenándo todo. Para Roston, aunque no decía nada, era excelente. Se sentía feliz. 
Rato después, compartían el delicioso pastel. La plática era un encanto. De pronto, todo fue silencio. Luego; miradas, besos...
... y mágica noche. 


Al dia siguiente, Roston despertaba, y su dolor era considerablemente menor. Ann no estaba. Así que se levantó con la idea de invitarla a desayunar.


***


Ya era la tercera vez que Roston golpeaba la puerta.  
—¡Buenos días! — escuchó a su derecha. Era el hombre del bigote enroscado. 
—Ahí no hay nadie.
—Nadie?
—Nadie.
—Pero...
—No me cree?
Le mostraré — y buscando en un manojo de llaves, abrió la puerta de par en par. 
—Ve? Sólo es una bodega. 
Roston miraba. Efectivamente no había huellas de vida. Sólo muebles amontonados y cubiertos de polvo. Y la mirada del hombre del bigote, parecía no estar con ánimo para responder preguntas. Así que que optó por no decir nada. Para qué. De qué serviría. Además, tenía que marcharse.


***


  Una hora más tarde estaba de nuevo frente  al, "¡LÁRGATE!".
Después de todo, no era mala idea, pensó. Hizo rugir la moto  como si fuera una verdadera bestia. Sólo tenía que continuar el viaje.
Ya lejos, el cartel,  no soportando más su propio peso, caía. Quizás era señal de que jamás volvería a ver a la hermosa Ann.


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07 noviembre 2025

MI PERRO

 


Tengo una mascota.  
Soy su dios.  
De alguna manera soy su dios.  
De mi mano espera su comida, su agua, su cariño... su protección.

Si no me preocupo... el animalito sufrirá las consecuencias.

Para mi mascota... soy un dios.  
  
  
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25 octubre 2025

APRENDIÓ A PELEAR




"Aprendió a pelear 
Nada la sorprenderá      Nada la herirá     Nadie     De ella     Se burlará 

Forjó su propio escudo    Templó su propia espada     Desprotegida    
  Nunca más 

Que nadie se llame a engaño   Ya no es la chica frágil

Ya no tiembla     Ya no teme    
Ya no volverá atrás     No podría     No podrá 
Es su mundo 

Así lo ama     Así lo amará 

Aprendió 
A pelear"
 

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